Testimonios de sobrevivientes de la bomba atómica - prefacio

En el día de la conmemoración del 70° aniversario de la bomba nuclear de Nagasaki


Estimado lector,
El hecho que Usted ha accedido a esta página de internet, me hace suponer que cuenta con cierto conocimiento en lo que se refiere a las bombas atómicas, que a fines de la segunda guerra mundial fueron arrojadas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Seguramente Usted ha escuchado o leído acerca del inmenso poder destructivo de estas bombas y de sus efectos sobre las personas. Pero, ¿puede Usted realmente imaginar la crueldad y el sufrimiento que las víctimas de esas bombas sufrieron?

¿Puede Usted siquiera imaginar cómo es suplicar por un trago de agua teniendo la boca pegada por la propia piel de los labios quemada o cómo es deambular con las manos y los pies carbonizados solicitando ayuda, y no siendo un soldado, que en cierta medida está preparado para morir por su patria, sino que fuese Usted tan sólo un niño que no tiene la noción de la crueldad que repentinamente sobre él se infligió?

Ciertamente, fue la guerra. Fue una guerra totalitaria, en la cual los límites entre los militares y civiles se tornaron borrosos, al igual que en las numerosas guerras de la historia humana.

Y al final, con el argumento de poner fin a una guerra que ya había durado 3 años y medio, fueron lanzadas bombas nucleares sobre las ciudades de Hiroshima (6.8.1945) y Nagasaki (9.8.1945). Las dos bombas no erraron en su objetivo. El 15 de agosto de 1945 Japón aceptó la capitulación incondicional, y la eficacia de estas bombas como arma de destrucción masiva, quedó demostrada para aquellas personas que no se detuvieron jamás a pensar en el sufrimiento y en las consecuencias que estas explosiones nucleares causaron.

El año pasado, en una pequeña tienda de libros usados en Tokio, encontré por casualidad un librillo del tipo Book-let. Tenía el título “Memorias de estudiantes sobre la bomba nuclear en Nagasaki – legado de una época-”, editor Koseisha, (1999). Leí el libro, durante mi vuelo de regreso a casa, y desde entonces las escenas descritas en el libro no me han dejado en paz.

Este Book-let contiene 15 relatos de Japonesas, quienes para el 50°aniversario de la explosión de la bomba atómica en Nagasaki, 1995, estuvieron dispuestas a publicar sus vivencias posteriores a la explosión de la bomba.
Ellas tenían 17 años en aquella época, año 1945, y acababan de inscribirse en el colegio para Mujeres de la prefectura de Nagasaki.

La segunda bomba nuclear fue detonada sobre Nagasaki, una ciudad portuaria de interés histórico que se encuentra en la isla de Kyushu al suroeste del archipiélago japonés. Esta bomba de tipo implosión contenía plutonio 239 y tenía una energía de cerca 21.000 toneladas de las bombas de TNT (trinitrotolueno) convencionales, que para sus lanzamientos hubiesen sido necesarios cerca de 2000 bombarderos B29, de las fuerzas americanas.

Esa escandalosa masa de energía explotó a 550 metros sobre el distrito de Urakami, habitada en parte por personas, que desde el siglo XVI viven en la fe cristiana. De acuerdo a la evaluación de daños entregada a fines de diciembre de 1945, murieron más 73.000 personas en el mismo momento de la explosión o inmediatamente después y 74.000 fueron heridos (las cifras se basan en la información proporcionada por Michiko Nakano, el compilador del libro antes mencionado, páginas 56-60).

Después de haber leído este libro, comencé a contarles a mis cercanos sobre las espantosas historias allí relatadas. Sin embargo, me di cuenta que sería más efectivo, si estos relatos fuesen traducidos en varios idiomas, con lo cual, alcanzaría a un mayor número de personas en diferentes países del mundo. Es así, que solicité colaboración a mis amigos y conocidos, de los cuales recibí el total apoyo. Fueron traducidas dos historias del libro en tres idiomas. Mis agradecimientos a mis amigos Clive, Gabi, Susan, Verónika, Vesna, Wolfgang, Yoko y R&N. Uno de ellos me dijo: “De hecho, estos textos deberían ser de lectura obligatoria en los colegios, de tal manera que se conozca el horror que origina una explosión nuclear.”

Ahora pongo el siguiente enlace en la red, por esas mujeres, jóvenes estudiantes, que hace 70 años vivieron ese infierno y que ansiaron, algunas de ellas aún ansían, a que las víctimas no hayan muerto totalmente en vano, si no que hayan contribuido a formar un mundo libre de armas nucleares.

Les solicito que cuando hayan leído ambas memorias, traduzcan el contenido en los idiomas de sus países y lo transmitan a sus amigos y conocidos, para así sumar votos y que todas las naciones lleguen a un pronto acuerdo en la Convención de Armas Nucleares (Nuclear Weapons Convention, NWC).

Deseo que si la guerra no puede ser eliminada de los cerebros de los seres humanos, debemos tratar al menos de controlarla a través de la razón humana, así evitar que en un futuro próximo, la civilización sea extinguida de la superficie de la tierra, junto con sus maravillosas culturas.

Kimi AntiNukes

(Traducido del alemán por Vesna Vila)

PD: La traducción de los dos textos originales del japonés a los tres idiomas, cuenta con el permiso del señor Shuichi Fujimaki, el editor del Book-let “Memorias de estudiantes sobre la bomba nuclear en Nagasaki – legado de una época-”(Koseisha,Tokyo, 1999).