Testimonios de sobrevivientes de la bomba atómica - Parte 2 Capítulo 2

El 9 de agosto de 1945


En la tarde del 9 de agosto, había planeado mudarme a una residencia de estudiantes. Es por ello que el 7 de agosto vine sola a Nagasaki, después de haberme despedido de mis compañeros de clase de la época de la escuela. Nosotros trabajamos juntos formando parte de la movilización estudiantil en el arsenal de la marina de Kawatana. A mi llegada a Nagasaki, me dirigí a pie desde la estación de trenes a la casa de la Familia Taniguchi en el distrito de Inasa-machi. El señor Taniguchi era un buen conocido de mi padre, y su familia fue tan amable de ofrecer quedarme con ellos hasta el admisión en la residencia.
Antes que llegase a su casa, oí las alarmas de ataque aéreo. Me escondí en un hoya, estaba muy asustada ante la idea de lo que sería de mí sí me moría en aquel lugar siendo un extranjero en esa ciudad, y orando esperé hasta que el ruido de los bombarderos no se oyó más, luego me fui a la casa de los amigos de mi padre.

La familia Taniguchi consistía en 5 personas: Sr. y Sra. Taniguchi, la madre del Sr. o Sra. Taniguchi, un joven de edad escolar y una muchacha, de aproximadamente la misma edad mía. Después de mi llegada, hubo tantas alarmas de bombarderos que casi no tuvimos la oportunidad de poder hablar en calma entre nosotros. Por ello, lamentablemente no puedo recordar exactamente los nombres ni las caras de los integrantes de la familia Taniguchi.

El 9 de agosto alrededor de la 8 de la mañana, hubo nuevamente alarma aérea. Busqué refugio en el refugio antiaéreo, que era para los residentes de la zona, el cual se encontraba cerca de la cima del Monte Inasa. La alarma de levantó cerca de la 10 A.M y todo regresaron aliviados a sus casas.

Esperando el almuerzo leí un libro en la terraza. El niño de la familia Taniguchi jugaba cerca de mí. Cuando el sol del mediodía fue demasiado caluroso, fui sola al refugio antiaéreo (de 3,3 metros cuadrados) que la familia construyó bajo la tierra del jardín. Allí me quité los zapatos y ordené las cosas que deseaba llevar a la residencia estudiantil.

Después de un momento, el chico gritó: “Está tronando!, Es un avión japonés!”. Yo quería ir a ver el avión y busqué mis zapatos, pero no los pude encontrar de inmediato, por la oscuridad que había en el bunker. Finalmente encontré mis zapatos y me puse de pie. Justo en eso momento llegó un rayo de luz en medio de la entrada del bunker. Sentí como mis ojos ardieran. Entonces se escuchó un estallido y el bunker empezó a llenarse de una nube espesa de polvo, el cual había sido provocado por la explosión de la bomba.
Justo después de eso, cuando tomé una respiración profunda, se derrumbó el bunker y yo quedé rápidamente enterrada viva entre las masas de tierra.