Testimonios de sobrevivientes de la bomba atómica - Parte 1 Capítulo 9

La enfermedad por la radiación


Al día siguiente Chizue fue llevada donde un internista en el vecindario. Sus heridas fueron tratadas, pero el médico no sabía cuáles eran los posibles tratamientos posteriores. Él no había examinado jamás un paciente así y decidió enviar a Chizue a casa. Cuando ella salía de la casa del médico, se dio cuenta que las personas alrededor lloraban. Uno de ellos dijo “la guerra ha terminado”. A Chizue ya le había parecido extraño, que aquél día aún no había sonado la alarma de ataque aéreo. Se sentía por un lado aliviada, que la prolongada guerra hubiese finalizado, pero por otro lado, se preguntaba por qué justo ahora, en que se había cometido ese acto tan atroz. Ella se preguntaba continuamente “Por qué, por qué? Nosotros luchamos tanto tiempo por nuestro país y tantas víctimas ofrendadas. Para qué sirvió todos los sacrificados!”.

La casa de la familia en Nagasaki quedó reducida a cenizas. Los abuelos ya no existían. Las heridas de Chizue, sin embargo, sanaban gradualmente. El padre regresó a Nagasaki, para retomar su trabajo.

A mediados de septiembre, repentinamente le empezó a sangrar la encía a Chizue. Ella tenía 38°C de fiebre y se sentía totalmente agotada. Le aparecieron por todo el cuerpo pequeñas manchas rojas, como si hubiese sido pinchada en todos lados por un insecto.

Hoy en día, todos saben que esos síntomas fueron causados por las radiaciones. En aquella época, ni los mismos médicos sabían sobre las causas ni sobre los métodos de tratamiento, de lo que hoy le les conoce como síndrome de radiación. El paciente empezaba por sangrarle la encía, perder el cabello, sufrir diarrea y sentirse exhausto, sin que presentase ninguna herida externa. Debido a la progresiva anemia, el paciente se debilitaba y pronto moría.

En aquel tiempo, muchas personas decían que esa enfermedad se debía a la inhalación de los gases venenosos que la bomba irradió o que solamente era disentería, que en esa época se propagó en los sitios bombardeados. A algunos pacientes se les dijo, que ellos habrían enfermado de leucemia. En algunas familias fueron falleciendo todos los miembros de éstas y la gente hablaba, que dichas familias habían sido de alguna forma maldecidas.

Dado que el sangramiento de la encía de Chizue no se detenía, la madre la llevó a un dentista que vivía en las cercanías. “Ah, ese sangramiento fue causado por la bomba nuclear. Debe quedarse de inmediato en mi clínica”, dijo el dentista, sin haber siquiera examinado la boca sangrante de Chizue. Ella se sentía un muy insegura, pero optó por permanecer en la clínica inmediatamente.

“En ese momento, me dijo el internista, que te quedaban sólo 2 a 3 días de vida” le contaría tiempo después la madre a Chizue. “Tú debes agradecerle tu vida al doctor dentista. Su hija había muerto hace poco de leucemia y él te dio a ti el medicamento que le quedó del tratamiento de su hija. Además, el padre del doctor era un especialista en enfermedades de la sangre. Chizue, tu tuviste una gran fortuna” dijo la madre.
Chizue recibió transfusiones de sangre, que le provocaron temblores y nauseas. Le pusieron muchísimas inyecciones y su estado de salud era fluctuante, a veces bueno, a veces malo.

Otra joven muchacha fue remitida a la clínica donde estaba Chizue. Pero los sangramientos de la boca de esta joven, no pudieron ser detenidos. Ella sostenía siempre junto a su boca un recipiente, que asemejaba a una lata. Por las mañanas, brotaban de su boca coágulos de sangre. Ella no podía comer y a pesar de todos los esfuerzos en su tratamiento, pronto falleció.