Testimonios de sobrevivientes de la bomba atómica - Parte 1 Capítulo 4

Luego un tren


Cuanto más lejos iba, más aumentaba la violencia del fuego y no podía descubrir hacia donde iban las calles. En su mente fluían los pensamientos de los rostros de sus abuelos, quienes supuestamente debían estar en su casa. Pero finalmente, renunció al intento de llegar a casa.

Ante la desesperación, en lugar de seguir camino, ella se detuvo y en ese momento, oyó a lo lejos una voz: “Viene el tren! Las personas que logren subir, pueden viajar!” El tren estaba en la mitad del camino entre las estaciones Urakami y Michinoo. Pocos fueron quienes se dirigieron hacia el tren. Sin embargo, ella no pudo reconocer entre esas personas a los militares o a los del equipo de rescate.

Posteriormente Chizue se enteró, que aquel lugar se encontraba aproximadamente a 500-600 metros del punto donde cayó la bomba atómica. En un radio de 500 metros, debieron haber sido aniquilados todos los seres vivos en un instante y todas las casas de madera arrasadas. La causa de este infierno fueron: el rayo de calor que vino directamente de la parte superior con una temperatura más de 7.000 grados Celsius y las violentas ondas de presión y haces radioactivos. En segundos el mundo cambió en ese lugar. En ese entonces nadie tenía una idea de lo que había sucedido y de lo que iba a suceder.

Chizue descalza se arrastró hasta el tren. No llegaron muchas personas.Tal vez por ello aún no reinaba una situación caótica.“Desde el bombardeo no había transcurrido mucho tiempo.”pensó ella.

Los heridos de mayor gravedad fueron trasladados a los vagones de carga y las personas con lesiones relativamente menores a los coches, los cuales estaban enganchados por delante y por detrás de los vagones de carga.
Como el peldaño del tren era bastante alto, los recién llegados debían ser ayudados a subir. En esa maniobra era inevitable, que la piel de los quemados se les cayese.

Para sorpresa de Chizue en el tren había muchos pasajeros que aún estaban vestidos elegantemente. A pesar de que algunos de ellos tenían el rostro ensangrentado y bajo sus pies habían vidrios rotos por todos lados. Perplejos quedaron cuando vieron subir a las innumerables víctimas con graves quemaduras. En el tren reinó el silencio y nadie abrió la boca para dirigirle alguna palabra a Chizue.

Más tarde aprendió a Chizue que el tren iba en dirección a Nagasaki cuando el conductor comunicó la noticia que otra bomba había sido lanzada. Se los solicitó a los pasajeros que se mantuvieran sentados y el tren siguió, tanto como pudo, hasta que se detuvo detrás de la estación de Michinoo. Allí el tren partió con Chizue y los otros heridos, se dio vuelta y condujo en dirección de regreso a Isahaya.
En la estación de Isahaya esperaban ya muchas personas, quienes habían traído bicicletas con remolque o transporte para recoger a los heridos. Chizue estaba todavía consiente, en el momento que fue ayudada a subir a un remolque llevado por una bicicleta, después ella de desmayó.

El día no estaba para terminar.