Testimonios de sobrevivientes de la bomba atómica - Parte 1 Capítulo 2

Directamente bajo el hongo nuclear


El 9 de agosto fue un día caluroso.
Chizue también trabajó ese día en la oficina, que estaba ubicada en un edificio de madera, cerca de la fundición Oohashi. En la oficina del 2do piso se encontraban cerca de 10 personas. Chizue tenía su puesto junto a la entrada. Después de las 11 de la mañana, Chizue tomó en sus manos la lista de asistencia entregada por el sector y se puso de pie. En ese momento, se oyó un hombre que gritaba: “Acabo de ver desde la terraza de la azotea, que un bombardero B29 dejó caer algo que colgaba de un paracaídas.”
En ese mismo instante, una luz brillante entró por la ventana abierta de la oficina. Antes que se pudiese gritar, todo había desaparecido del campo visual.
El estruendo que debió haber seguido al haz de luz, Chizue ya no lo percibió; estaba casi inconsciente. Por más que intentó, ella nunca pudo recordar si algo escuchó.

Cuando Chizue recobró el conocimiento, no supo cuánto tiempo había pasado. Ella abrió los ojos y se encontró en medio de un montón de escombros. A su alrededor, todo había cambiado completamente, no había nada que estuviese aún en pie. Sacudiéndose lo escombros y fragmentos de vidrio, ella se incorporó. Estaba tan confundida, que necesitó tiempo para captar la situación.

No había nada que se moviese, no se veía a nadie. “Hay alguien ahí?”, quería gritar, pero le falló su voz. Todo lo que anteriormente estaba allí, se había ido, simplemente desaparecido! “¿Qué ha pasado, pues? ¿A donde se han ido todos?”. Alrededor de ella sólo había escombros. Todo estaba destruido. La única excepción que podía verse en pie, era la extraña y curvada estructura de fierro de la fundición. Entonces ella supo, que muy cerca había caído una bomba.

Cuando ella involuntariamente volvió su mirada hacia abajo, vio dos pies que sobresalían de los escombros. Un poco más adelante yacía inmóvil la mitad del cuerpo de una persona. Asustada, se miró a sí misma. El lado derecho de su pantalón y de su blusa estaban marrón, chamuscados, la blusa desgarrada colgaba apenas del hombro y la parte superior de su cuerpo quedaba medio descubierta. Las rodillas y las caderas estaban ensangrentadas. Sólo al ver la sangre, sintió el dolor.

“Yo soy la única sobreviviente” pensó y esa inconcebible idea la mareó. “En cualquier caso, tengo que salir de aquí…”. Ella se dirigió a la salida, y no supo reconocer dónde se encontraba. Al estar destruidos edificios y calles, más aún al haber desparecido la ciudad entera, se pierde la noción de dirección y distancia y ya no se puede orientar. Afortunadamente no había fuego en las cercanías, aunque un poco más lejos se veían aún llamas. Chizue quería regresar a casa lo más pronto posible, pero contrario a su voluntad, sólo podía mover sus piernas con mucha dificultad.

En el camino, vio a tres hombres que trataban desesperadamente de salir de la construcción de madera que sobre ellos se había derrumbado. Con gran dificultad logró Chizue apartar tablas y escombros y pudo liberar a los hombres. Dos de ellos se fueron de inmediato, pero el tercero se quedó agachado en el lugar y haciendo una seña con la mano le indicó a Chizue que ella debía continuar. Ella no tenía más remedio que abandonarlo a su suerte, y continuó su camino.