Testimonios de sobrevivientes de la bomba atómica - Parte 1 Capítulo 1

Relato de la Sra. Chizue Fukutomi; registrado por el Sr. Michiko Nakano en el año 1996/7.


Sobre la narradora


Al finalizar la escuela secundaria en marzo de 1945 y al igual que muchas jovencitas que en el período de la guerra aún seguían solteras y que vivían en casa de sus padres, Chizue Fukutomi fue reclutada y obligada por la Organización Teishintai a trabajar en sus fábricas. Ella caminaba todos los días media hora desde la casa de sus padres, ubicada en el barrio Shiroyama hasta la Fábrica Oohashi. Esta era una fábrica de armas del grupo Mitsubishi, ubicada a 1300 metros del lugar del bombardeo atómico.

La entrevisté en la primavera de 1996, más de medio siglo después de la guerra. Ella tenía una foto en la mano.
“Esto es uno de los fragmentos de vidrio, que hace dos años, en Noviembre de 1994, me sacaron quirúrgicamente de mi cuerpo. El médico me lo dio como recuerdo. Dijo que esta pieza de vidrio se había convertido en parte de mi cuerpo, por decirlo así, ya que había vivido durante 49 años dentro de mí.”
El trozo de vidrio era de 3mm de espesor y tenía una forma triangular de 4 cm de ancho y 1 cm de alto.

“No sé cómo, ni cuándo este trozo de vidrio penetró en mi cuerpo. Estaba atrapado en la carne de mi muslo derecho. Y por lo general, no tenía dolores e incluso a veces olvidaba que llevaba un objeto extraño en mí. Sólo cuando presionaba esa zona, por ejemplo, entre las multitudes o cuando accidentalmente la tocaba, yo gritaba por el terrible dolor. Aún hoy, inconscientemente yo asumo una postura de protección cuando estoy en una multitud de gente. De vez en cuando, cuando la vieja herida duele o pica, entonces murmuro para mis adentros: Entonces, ¿tú me vas seguir siempre recordando?
Así habló ella, con una sonrisa en su rostro sereno.

“Pero el que tanta gente haya tenido una muerte tan cruel…Cuando pienso en esas personas, que fueron simplemente abandonadas en ese infierno y quedaron tirados sin ninguna ayuda, tengo remordimientos, porque yo aún sigo con vida. Todavía escucho sus voces, pidiendo ayuda. Nunca debió suceder algo así entre nosotros los humanos. Por qué nos pasó eso tan terrible, aún no puedo comprenderlo.”
Entretanto, su sonrisa desapareció de su rostro.
“¿Sabían los responsables, aquellos que optaron por el lanzamiento, que su decisión traería consecuencias tan horribles?”